domingo, 27 de noviembre de 2011

leyenda del "condor jipiña"

Leyenda del “Cóndor Jipiña”
De Corocoro

Antecedentes o contextualización.

Rodeado por un paisaje infinitivamente hermoso, característico del altiplano boliviano, matizado por el verde del cobre a flor de suelo y esperanza sembrada en el alma de sus cimientos; se encuentra el distrito minero de Corocoro.

Los vientos fríos y secos azotan el pueblo rodeado por un horizonte interminable de cadenas montañosas del cual se vislumbran cercanamente los más ricos en mineral como el cerro de Corocoro, Acollusta, Kori Kori, Huaca Lajra y Cóndor Jipiña.
Su nombre proviene de la denominación en Aymara “kori Kori Pata” que significa “Cerro de Oro” según documentos de 1574 pertenecientes al Virrey Francisco  de Toledo.

Corocoro está a 120 kilómetros al oeste de la ciudad de La Paz a una altura de 3970 m.s.n.m. y es capital de la provincia Pacajes y se encuentra en las siguientes coordenadas: Lat. 17º 10’ 59’’ S, Long. 68º 26’ 58’’O.
Población que como muchas, pasó años de gran auge, cuando se supone que tenía como 20 mil habitantes, hipótesis que se puede verificar con lo que todavía quedan restos de edificaciones al final de las zonas de Verdecilla, Achoco, San Jorge,  Carrasco, Guallatiri o Puchuni, Tienda Pata.
 Corocoro fue designada por Decreto Supremo del 28 de marzo de 1856. En el año 1867 capital del departamento de Mejillones (en el gobierno de Mariano Melgarejo); por decreto del 9 de diciembre de 1888 se la denominó Capital Constitución, por ley del 25 de noviembre de 1895 fue elevada a la categoría de ciudad.
Cuenta con dos escuelas fiscales y municipales la primera se llama “Vicenta Juariste Eguino que cuenta con una población total de estudiantes de 150; La segunda escuela se llama “Ismael Montes” que cuenta con 180 Estudiantes. Asimismo cuenta con un colegio de nombre “Pedro Kramer” con una población total de 320 Estudiantes, también con centros sociales, bibliotecas.
Corocoro es una capital rica en cultura los habitantes plasman su fe y sus creencias a través de una peregrinación que se hace en el calvario de la virgen de Asunción “Patrona de Corocoro”, organizan fiestas (prestes) que celebran en su honor, también son devotos al señor de Guallatiri que se encuentra muy cerca del pueblo; en su honor se organizan fiestas y peregrinaciones.
Entre uno de los atractivos más imponentes que tiene Corocoro, está la piedra Cóndor Jipiña que quiere decir “donde se asienta el Cóndor”, de la cual se ha transmitido una de las leyendas más hermosas de la tradición paceña.

Desarrollo de la tradición oral.
Cuentan los pobladores de la localidad de Corocoro que en tiempos remotos vivían en la región un anciano y sus dos hijos: varón y mujer. El muchacho heredó la prudencia y sabiduría del padre y la chica la belleza del espíritu.
Un día llegó un extranjero a pedir en matrimonio a la doncella, pero el padre, al no conocer nada del recién llegado, le manifestó que su pueblo difícilmente lo aceptaría sin conocer su origen.
Ante esta respuesta, el extranjero, que no estaba acostumbrado a que dudaran de su palabra, abandonó el pueblo, sin que nadie supiera en qué instante y por dónde.
Pasado un tiempo, cuando nadie recordaba ya a este pretendiente, la doncella se enamoró de un muchacho de su ayllu, con quien subía a los cerros a conversar, hasta que un día advirtió que un cóndor les observaba a cierta distancia. Al principio, no hizo caso al acecho de la ave, pero luego, con el tiempo, temerosa se lo comunicó a su enamorado. Éste, que manejaba muy bien la honda, lanzó una piedra con su arma, que impactó en el pecho del animal.
El cóndor al sentir el impacto del proyectil elevó el vuelo para asentarse dignamente en una de sus cúspides y el Dios Wiracocha lo transformo en roca y todo ser vivo que estaba alrededor quedo petrificado.
Semanas después, llegó a la comarca un grupo de emisarios que buscaban al príncipe Kuntur Mallku, que había salido a buscar esposa, quien era el único humano que tenía el poder de convertirse en cóndor y todos los comunarios quedaron sorprendidos.
Una historia de leyenda entre todo, resguardada entre los cerros, la figura petrificada del cóndor Jipiña, con más de cinco metros de altura, es la que más llama la atención a aquellos que se animan a visitar la región andina.